En Mobclub, A Coruña, el suelo pélvico es asignatura troncal: cae siempre, en sesiones individuales de pilates con máquinas. No hace falta haber sido madre ni tener un diagnóstico. Basta con que hayas notado alguna señal y no quieras esperar a que crezca.
Y aunque no nos lo digas, tu cuerpo nos lo contará. Nos daremos cuenta de tu debilidad, de una hipertonía o de una falta de contención a la que hagas dos ejercicios.
Eso nos dará material para trabajar sobre ello.
No tenemos soluciones genéricas. Cada plan se hace a la medida de tus necesidades.
Lo habitual es que las señales tempranas existan y no se les dé importancia. Estas son las que más nos cuentan:
Ninguna de esas cosas es normal por mucho que sea frecuente.
Lo que suele pasar es que algo que se podía haber abordado en fase inicial se convierte en un problema mayor. Y llega el día en que buscas una valoración cuando el diagnóstico ya te lo sabes. El momento de valorar era mucho tiempo atrás.
El suelo pélvico no es un músculo suelto, es un sistema.
Piensa en tu centro como la estructura de una casa. El suelo pélvico son los cimientos. El abdomen y la zona lumbar son las paredes. El diafragma es el tejado.
No hace falta ser arquitecto para saber que una casa se empieza por los cimientos. Todas las partes importan, pero los cimientos son los que sujetan.
Ese sistema está hecho de músculos, ligamentos y otros tejidos que dan soporte a tus órganos, te permiten hacer pis y caca, y tienen función sexual y reproductiva. Te puedes imaginar los problemas que aparecen cuando no funciona.
Y un detalle que casi nadie tiene en cuenta: un suelo pélvico sano no es el más fuerte, es el que tiene equilibrio entre fuerza y relajación. Uno permanentemente apretado da tantos problemas como uno débil.
Sigue existiendo la creencia de que cortar el pis equivale a entrenar el suelo pélvico.
No lo es. Lo que vas a conseguir haciéndolo a menudo es una infección de orina por no vaciar bien la vejiga.
Ahora, un matiz: cortar el pis una vez sí te sirve para identificar qué músculos se activan. Es un buen punto de partida, y nada más que eso.
Para el trabajo de verdad usamos otra imagen, la del ascensor: el suelo pélvico se eleva, al primero, al segundo, incluso al tercer piso. Elevar, que no apretar. Esa es toda la diferencia.
Tres claves, y las tres se entrenan en la sesión:
Respira. Bien: expandiendo hacia los lados. Si respiras solo hacia delante, estás metiendo más presión sobre el suelo pélvico. Error común.
Activa antes del esfuerzo. En todas las posiciones. Y mantenlo hasta el final del movimiento, no lo dejes a la mitad.
Intégralo en tu día a día. De nada sirve hacerlo perfecto en clase y dejarte ir como una gelatina el resto de la semana. Lo que entrenas en la sesión es para las situaciones de tu vida real: coger al niño, un estornudo, una maleta.
No es fácil, y lo entendemos. Requiere constancia y práctica, como casi todo. Por eso se trabaja con alguien delante corrigiendo, y no con un vídeo.
Y como somos tan pesadas en clase, terminarás por interiorizarlo y hacerlo de manera involuntaria.
Cada vez más socios nos confiesan que pasar de su suelo pélvico les había hecho un roto en la cartera: cientos, a veces miles de euros en soluciones y profesionales que, al final, acababan recomendándoles hacer pilates.
Para muchas personas esto sigue siendo un tema tabú a estas alturas de siglo.
Aquí no lo es. Cae siempre.
No sustituimos un diagnóstico médico. Si ya tienes uno, o síntomas que te preocupan, empieza por tu ginecóloga o por una fisioterapeuta de suelo pélvico; trabajamos igual de bien contigo después, y mejor si vienes con información.
Y si vemos que tu caso no lo podemos abordar con nuestro método, te recomendaremos a una especialista. No somos personal sanitario, y como tal tenemos nuestras limitaciones.
Tampoco es para quien busca una solución en tres sesiones. Esto es constancia.
Si vienes de un parto reciente, tu sitio es la página de recuperación posparto, que es un trabajo distinto. Y si estás embarazada, esta otra.
No. Muchas de las señales tempranas —pérdidas al saltar, al correr o al reír— aparecen en mujeres que no han tenido hijos. El embarazo y el parto son un factor más, no el único.
No: en contener. Un suelo pélvico permanentemente apretado da tantos problemas como uno débil, porque lo sano es el equilibrio entre fuerza y relajación.
No, y hacerlo a menudo puede provocarte una infección de orina por no vaciar la vejiga. Solo sirve, una vez, para identificar qué músculos tienes que activar.
No. Damos clases individuales de pilates con máquinas: no hacemos tratamiento clínico ni valoración interna. Tampoco impartimos un trabajo específico de suelo pélvico, trabajamos el cuerpo entero. Pero nuestro método parte del centro, y en el centro está el suelo pélvico. Si vemos que tu caso no se puede abordar con nuestro método, te recomendamos una especialista: no somos personal sanitario y tenemos nuestras limitaciones.
No te lo puedo decir, no tengo una bola de cristal. Depende de ti, de tu estado, de tus circunstancias y sobre todo de lo constante que seas. Puedes tardar cuatro semanas o cuatro meses en recuperar un suelo pélvico estable. No esperes milagros con una sesión a la semana.
La primera sesión es una valoración general para identificar tu estado: miramos cómo respiras, cómo activas y qué necesita tu caso. A partir de ahí trabajamos las debilidades que hayamos identificado. Cincuenta euros. Si después decides que no, no pasa nada.
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